Me doy la vuelta. El cuchillo se ha clavado en el centro de la diana. Llevo años practicando esto, diez en concreto. La iniciación en Osadía está siendo bastante fácil... de momento. He oído hablar del Paisaje del Miedo, es la tercera etapa de la iniciación. No dicen cosas muy buenas sobre él.
Una voz hace que me estremezca, es Eric. Eric es mi instructor, me da asco. Eric es del tipo de personas que disfrutan haciendote daño.
-Prepárate, iniciada- noto su aliento en la nuca. Reprimo las ganas de darle un puñetazo, no quiero meterme en lios el primer día de la iniciación. Ya tendré tiempo de causar problemas, pero ahora no es el momento.
Su voz retumba en mi cabeza. «Prepárate, iniciada» ¿Prepararme? ¿Para qué? ¿Piensa torturarme o algo así? La idea hace que sienta un escalofrío, por suerte no se ha notado mucho. Miro a los demás iniciados y todos tienen pinta de ser crueles y sádicos. ¡Ójala puediese estar con los trasladados! La verdad es que nunca me he llevado bien con los de mi facción, pero sé que estoy hecha para luchar, y por eso no la he dejado.
Parezco una cosa boba. Estoy absorta en mis pensamientos, pero por fín vuelvo a estar atenta. Vuelvo a ser yo. Cojo unos cuantos cuchillos y los tiro de uno en uno a la diana. Oigo risitas detrás de mi y empiezo a entrar en cólera. Me da la sensación de que se rien de mí y los asesino a todos con la mirada. En estos momentos hecho de menos a mi hermano, el muy estúpido se cambió a Verdad.
Hora de comer, el único momento del que puedo escaparme de los bestias que tengo por compañeros. Me dirijo a una mesa de trasladados, ya que parecen majos.
-Hola, me llamo Nash- digo con voz segura.
-Nash-repite una chica- ¿Es un apodo?
-Sí- respondo. Suena cortante, aunque no lo pretendía- ¿Puedo sentarme aquí?
-¿Por qué? -escupe un chico- ¿No te llevas bien con los demás osados? Aquí no queremos gente como tú.
-Entonces te has equivocado de facción -ladro- Si no quieres terminar como un gusano aplastado, más te vale cambiar de actitud.
-¿Y eso me lo dices tú? Eres una iniciada, como todos los demás.
-¡Cálmate Sam! La chica solo está intentando ser amable -le suelta la chica de antes- Yo soy Krissa.
Entonces, Krissa me extiende la mano. Tengo que darsela. No suelo manifestar afecto en público, es por eso que mi apretón resulta extraño; bueno, por eso y por que quito la mano enseguida.
Me siento en la única silla que queda libre y tengo la sensación de que todos me miran, de que me tienen miedo.
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