Cuatro empieza a hablar.
-Parece que tenemos a alguien nuevo entre nosotros. Podría venirnos bien que esté aquí, ¿sabéis? Gracias a eso podréis ver una pelea en condiciones. ¿Cómo te llamas?
-Nash -respondo.
-Bien, Nash, sube a la arena -dice Sam, el chico del comedor, en tono burlón.
Tengo que pelear. No me queda otra que subir a la arena y luchar. Miro alrededor para ver quién será mi adversario. Espero que no sea Krissa ni Christina, es más, quiero que sea el bocazas de Sam, a ver si así se le quita esa sonrisa estúpida y burlona que tiene. Pero no es ninguno de ellos... Es Cuatro.
Me pongo nerviosa y me tiemblan un poco las manos, así que aprieto los puños para que se noté lo menos posible. En la pelea consigo protegerme la cara y las costillas la mayor parte del tiempo, pero Cuatro es fuerte. Es más fuerte que yo. El instructor de los trasladados me da una patada en el estómago y tengo que alejarme de él. Intento darle un puñetazo, pero está demasiado protegido, así que le rodeo. No sé cómo, pero Cuatro consigue tirarme al suelo. Sigo rodeándole y de vez en cuando le doy alguna patada o puñetazo, pero no le afecta lo más mínimo. He recibido varios golpes y me sale sangre de la cabeza. Noto calor en las mejillas. Tengo que demostrar que sirvo para esto, que soy fuerte. Se me abre la herida de la mano, la que me tuve que hacer en la Ceremonia de Elección (A los 16 años, en la Ceremonia de Elección, tienes que cortarte con un cuchillo y derramar sangre sobre la urna de la facción que elijas) y me caigo. Vuelvo a levantarme, pero me cuesta respirar. Entonces lo veo claro, tengo que atacar cuando esté desprevenido. Le rodeo y esquivo sus golpes hasta que se cansa y consigo darle un puñetazo en las costillas. Se agacha y le clavo el codo en la espalda hasta que le tiro al suelo. Me cuesta mucho respirar y estoy perdiendo demasiada sangre. Le doy una patada en la espinilla y la pelea termina.
Todo da vueltas. Me llevo la mano a la cabeza y sigue saliendo sangre, tengo todo el cuerpo manchado de ella. Me cuesta respirar, así que lo hago despacio, pero aún así, tengo esa sensación de ahogo. Tengo que sentarme de nuevo en la arena para no caerme y aún así lo hago. Tengo los ojos entrecerrados y veo la venda del tatuaje, está en el suelo; recuerdo a Krissa con su cara de dolor y entonces, me desmayo.